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Nos bebimos el atardecer…

  • Ago 7, 2026
Paula entre el campo al atardecer, brazos elevados hacia el cielo

Hay tardes que terminan cuando se va la luz y otras que una quisiera beberse despacio.

Aquella tarde con Paula fue de las segundas.

Llegamos cuando el sol empezaba a bajar y el campo tenía ese color que dura apenas unos minutos. Ese momento en el que todo parece volverse más amable: la piel, la hierba, el viento, incluso el silencio.

No buscábamos solamente hacer fotografías.

Queríamos estar. Respirar. Sentir.

Dejar que la tarde hiciera también su parte.

Paula tiene una manera muy suya de habitar el mundo. Libre, intuitiva, curiosa. Es de esas personas capaces de abrir puertas que otros ni siquiera vemos y mirar detrás sin demasiado miedo.

Quizá por eso fotografiarla resulta tan fácil y tan difícil al mismo tiempo.

Porque no basta con quedarse en la superficie.

Y a mí la superficie nunca me ha interesado demasiado.

Antes de la cámara

Mis sesiones suelen comenzar mucho antes de hacer la primera fotografía.

Me gusta conocer a la persona que voy a fotografiar. Saber qué le mueve, qué hace, qué le inspira, qué quiere contar —y también qué no—.

Si escribe, leo.
Si canta, escucho su música.
Si está dando forma a un proyecto, intento comprenderlo.

No para decidir de antemano quién es, sino precisamente para llegar con la curiosidad suficiente para descubrirlo.

Después viene mi pequeña labor de campo.

Busco localizaciones, observo la luz, miro la previsión meteorológica y pienso siempre en un plan B. Podemos imaginar una sesión hasta el último detalle, pero después aparece una nube, cambia el viento, baja la temperatura o la luz decide hacer algo completamente distinto.

Y está bien.

Me adapto.

Porque preparar no significa controlar.Manos sosteniendo un cuenco tibetano durante la sesión en el campo

Metal bajo el sol.
El silencio tiene voz.
Comienza el viaje.

Los elementos también cuentan.

Los tejidos, las flores, las texturas, el propio paisaje. La música muchas veces nos acompaña. Otras necesitamos silencio.

Aquella tarde con Paula hubo también un cuenco, respiración y unos minutos en los que la cámara dejó de importar.

Cerramos los ojos y nos permitimos simplemente estar allí, rodeadas de hierba, viento y luz.

No todo lo que ocurre durante una sesión tiene que convertirse en fotografía.

Curiosamente, muchas veces es entonces cuando empieza a aparecer lo que quiero fotografiar.

Flor silvestre entre la hierba al atardecer

La flor no pregunta.
Simplemente permanece.
La tarde escucha.

Cuando dejamos de posar

Hay un momento que siempre busco, aunque nunca sé exactamente cuándo llegará.

Ese en el que dejamos de ser conscientes de la cámara.

Las manos encuentran su sitio. Los ojos se cierran porque sí. El cuerpo deja de preguntarse qué tiene que hacer.

Y entonces sucede.

La fotografía deja de parecerse a una pose y empieza a parecerse a la persona.

Paula sentada entre la hierba con los ojos cerrados

Cerrar los ojos.
Escuchar lo que no habla.
Volver adentro.

Paula con los ojos cerrados sosteniendo una flor entre la hierba

Beberse la luz

Y mientras el sol seguía bajando, seguimos jugando.

Con la hierba. Con las flores. Con el movimiento. Con los ojos cerrados. Con esa luz cada vez más pequeña que obliga a dejar de pensar y empezar a sentir.

Yo llevo ideas. Busco. Preparo. Imagino.

Pero dejo sitio para lo inesperado.

Porque muchas veces la fotografía que estaba buscando aparece cuando dejo de buscarla.

Paula moviéndose libremente entre la hierba al atardecer

Paula de espaldas con los brazos elevados hacia el cielo

No recuerdo exactamente en qué momento dejamos de hacer una sesión.

Quizá nunca hubo tal frontera.

Solo sé que durante un rato el campo fue nuestro, el tiempo pareció ir un poco más despacio y nos bebimos el atardecer hasta que prácticamente no quedó luz.

Paula con los ojos cerrados y las manos sobre el pecho

Paula delante de mi cámara.

Yo detrás.

Aunque, pensándolo bien, nunca he tenido demasiado claro quién viaja más en una sesión.

Quizá esa sea una de las razones por las que estoy aquí otra vez.

Donde el corazón me lleve.

Dedicado a ti Paula… por ser…

Paula mirando a cámara entre la hierba alta y sonriendo